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miércoles, 8 de agosto de 2012

Sólo una más.

De la nada, en una visita a unos amigos nos encontramos por primera vez; estabas seria, muy seria mientras yo en ese momento era el más positivo ser que jamás habito este mundo. Nunca sentí que alguien halla simplificado la belleza de nuestra realidad llena de amargura y celo en una simple mirada.

Cuando por fin el destino decidió probar suerte con nosotros para ver si hacia felices a dos humanos más entre tanta desgracia, recuerdo que con un helado en la mano y llenándome la cara aceptaste mis peticiones.


Eras risueña, curiosa, encantadora y muy hiperactiva como si la niña interior dentro de ti nunca se escondió del mundo y llamaba al niño en mi interior para salir a jugar al parque. A veces, sin decir nada solo silenciábamos todo el ruido a nuestro al rededor y escuchábamos como el viento acariciaba  el sonido del cantar de los pájaros para que luego te voltearas dándome un beso.


Jamás había estado tan satisfecho en cada aspecto de mi vida, tenía libertad y una pizca de alivio al pensar que tenia a alguien a quien acudir con mucha más confianza que un amigo; un par de veces me levantaste del abismo. Pero recuerdo que tenias una personalidad muy extraña... tu concepto de libertad era muy distinto al mío, las salidas en la noche, las malas vibras que sentía con las personas que tenías a tu alrededor, los malos ratos con tus padres... eso sin duda comenzó a afectar la situación y lo irónico fue que el problemático nunca fui yo, o al menos no a esos niveles.


Muy adentrado en los meses comenzaron a hacerse mas continuos estos problemas y yo solo esperaba que tomaras un poco de conciencia; te notaba más cansada aunque lo disimulabas... un poco más distraída y mucho menos risueña de cuando te conocí, y definitivamente la confusión entro a tu cabeza a dar vueltas mas que en una partida de apuestas de un casino... y el culpable siempre yo.


De repente no escuchábamos el silencio, ya no me veías igual aunque intentabas agarrar de nuevo esa línea y cada vez más se hizo más difícil encontrar una manera de verte feliz por mis medios. El típico problema de "No eres tú, soy yo" entro a nosotros y aunque no lo pareciera, nunca fuiste la culpable. 


Al parecer no estabas lista, o no al mismo nivel que yo; nos encontramos de repente y acabó igual... sin tanto preámbulo y tan doloroso como la primera vacuna de un bebé, dijiste que ya no eras la misma y lo aceptaste... dijiste que ya no sentías lo mismo alegando que la confusión te gano la batalla; recuerdo darme la vuelta e irme entre la lluvia ese día de Julio, en la piel de esas gotas, las alas volvieron rotas... y entre alguna que otra cosa; el paraíso devino en infierno y nadie lo arregló. No te culpo


Libres por sus cuentas, asi debió ser siempre.

lunes, 6 de agosto de 2012

El Zahir, mi zahir.

"Zahir" es una palabra que leí en un libro de un individuo que se hace llamar Coelho, Paulo Coelho. Básicamente en este libro el autor pretende describir una relación amorosa con una tipa que va y viene en su vida sin darle ninguna explicación; convirtiéndose en el amor de su vida al cabo de un tiempo.

Hace un par de años las palabras de esa obra pasaron por mis ojos justo cuando me encontraba en una encrucijada. Una chica salia y regresaba a mi vida y así llevábamos mas o menos 5 años (Ahora llevamos 7 y sí, sigue en las mismas). No entendía porque y creo que en su momento no me interesaba, cuando regresaba la recordaba y todo era como antes. Al cabo de un tiempo como en el libro; ella se iba.

No entendía porque hasta que un día decidimos forjar una relación de mucha seriedad. Ella acepto y fue quien la propuso en su momento y yo acepté, al parecer en aquellos días no concebía que eso fuera verdad, fue como saber que un deseo lejano se cumplía y no sabías porque; solo lo vivías.

Y todo iba bien, de gran forma... excelente diría yo,  compartíamos momentos juntos, su risa, sus berrinches, sus alegrías y enojos eran causados por mí; o al menos eso me decía ella. Al final no me importaba porque estaba junto a ella en una época del año en la que usualmente me encontraba solo y sin saber donde carajos ver o que hacer. Algo típico de un boludo adolescente.

Cierto día recuerdo que estábamos en su casa, frente a mí estaba su mirada que al fin había encontrado un refugio o al menos eso creíamos y ella pensaba lo mismo. Conversábamos de todo lo que se nos ocurriera... como en una relación normal; besaba sus mejillas, su boca, su frente como símbolo de protección y no había otra cosa en el mundo que me hiciera más feliz; estaba con mi Zahir que fuera de muchas otras cosas no me interesaba nada más que fuera algo funcional. Recuerdo que uno de los besos más apasionados que recibí fueron de sus labios y me atrevería a decir que de su corazón (Aunque se lea cursi) debo de admitirlo.

Cierto día le tenía un regalo por una fecha importante para nosotros, recuerdo haberlo dejado en la puerta de su casa y entrar luego a charlar con su padre que aunque no pareciera lo sabía todo.
Después de su llegada noté que su mirada estaba profundamente triste, se le había quitado el brillo en los ojos... no concebía nada ya que como era de esperarse "estábamos bien" pero las mujeres siempre tienen un detalle.

Luego de notar que yo sabía su malestar, me llamo a solas diciéndome que debíamos desaparecer de la vida del otro sin explicación alguna cosa que no me agrado mucho y hasta el momento, nunca me agradó.

Esa fue la penúltima vez que desapareció de mi vida. Unos meses después apareció, 10 meses para ser exacto; diciéndome que no era culpa de ella y que por situaciones ajenas a nosotros había decidido cortar distancias y jactarse de toda la culpa. De nuevo creí que algo lejano se había acercado tanto que lo podía sentir con mis manos, volvimos a la situación que siempre hemos deseado; un beso o una caricia ya no era un simple pensamiento nocturno antes de dormirnos, ahora eran solo algo al alcance de nuestros deseos y que por supuesto ella tenia el control absoluto de toda la situación y al parecer nos iba bien.

Prometimos muchas cosas como los jóvenes adolescentes enamorados, que por cierto ninguna se ha cumplido y lo veo muy distante, pero conociéndola no puedo asegurar nada. El error en esa situación fue de mi parte... ¡Bueno me tocaba vengarme! y sin razón caí en un juego sucio de infidelidad.

Apareció Ester (Mi historia no es igual a la del libro, ya que Ester es el Zahir del protagonista de la obra y explicó: Una es mi Zahir, un amor que va y viene y no se detiene... la otra es Ester, el amor de mi vida... o al menos eso creo.) y en fin, la historia cambio para mal y nos volvimos a separar. Ahora no se si sus huesos regresaran a mí y la verdad es algo que de momento no me quita el sueño; a veces la pienso como una de las mejores cosas que me pudo haber pasado... y en ese lugar deseo que se quede.

Si regresas... por favor avisa.

domingo, 5 de agosto de 2012

Quince, cero... cuatro


Espere pasar unas horas mientras el viento me decía, que las risas los llantos, los gritos y los reclamos le pertenecían al pasado, al mirar la ilusión desvanecerse en la ventana unas gotas de lluvia caminaron mientras de mis ojos brotaban más gotas que nadie más que yo veía; esas gotas de apellido melancolía y de apodo soledad
 
Me hablaban de los recuerdos, no sé si fueron mis ojos pero por la ventana 3 gotas corrieron,
que al final de la madera resbalando perecieron pero que llevaban un zumo bastante concentrado de tristeza.
 
No puedo vivir sin tí, ni contigo cuando estas. Frio soy en tu presencia, un volcán ardiendo cuando te vas, es que sobre mi tienes tal poder que desde que te vi dude si era amor o la muerte lo que en mi pecho sentí; pero decidi arriesgar mis pensamientos al vacío, ahora todo ya termina en un carajo mucho tiempo ha pasado ya.
 
Y porque la quería no amarre sus sueños a las 4 patas de una cama fria y me callé por no demostrarle cuanto me dolía, y lo que te quería mujer. Porque la queria no juzgue ni reproche las arrogancias del destino, que te mira y se burla de ti como la peor de las lacras, dando golpes; dejandote sin armas.
 
Siempre fuiste dueña de mis caricias, y todos los besos cuando hacíamos el amor y aunque te entregabas ¡Jamas fuiste mia! Me diste tu cuerpo pero no tu corazón y aunque me he cansado de jurarme que es la ultima vez, hoy me corto las alas para no seguirte; en el horizonte dejo ir tu legado que me atropella como una avalancha de emociones con verdades y ficciones.
 
¡Me enamore como ciego! De tu pelo, tu risa y tu cuerpo. De ti, de tus llantos y tristezas, tus lamentos, sorpresas y tu risa... tu risa conmovía pues me alegraba el momento al sentir que salia sincera de tu rostro y la causaba mi humilde presencia . 

Soy un simple peon en un juego de ajedrez conocido como amor, no me tengas pudor y vete que al final ambos sabemos que eso es lo que más conviene.

Me diste gratos momentos, a menudo llenan mi mente de muchos recuerdos y aunque a veces no entiendo, comprendo que es mejor no hacer preguntas banales pues mucho tiempo paso ya. Pero lo tengo presente como si hubiera sido ayer, hace unas horas o quizá hace unos minutos. 

Gracias, Ester ... A veces lo recuerdo. Casi a Diario