De la nada, en una visita a unos amigos nos encontramos por primera vez; estabas seria, muy seria mientras yo en ese momento era el más positivo ser que jamás habito este mundo. Nunca sentí que alguien halla simplificado la belleza de nuestra realidad llena de amargura y celo en una simple mirada.
Cuando por fin el destino decidió probar suerte con nosotros para ver si hacia felices a dos humanos más entre tanta desgracia, recuerdo que con un helado en la mano y llenándome la cara aceptaste mis peticiones.
Eras risueña, curiosa, encantadora y muy hiperactiva como si la niña interior dentro de ti nunca se escondió del mundo y llamaba al niño en mi interior para salir a jugar al parque. A veces, sin decir nada solo silenciábamos todo el ruido a nuestro al rededor y escuchábamos como el viento acariciaba el sonido del cantar de los pájaros para que luego te voltearas dándome un beso.
Jamás había estado tan satisfecho en cada aspecto de mi vida, tenía libertad y una pizca de alivio al pensar que tenia a alguien a quien acudir con mucha más confianza que un amigo; un par de veces me levantaste del abismo. Pero recuerdo que tenias una personalidad muy extraña... tu concepto de libertad era muy distinto al mío, las salidas en la noche, las malas vibras que sentía con las personas que tenías a tu alrededor, los malos ratos con tus padres... eso sin duda comenzó a afectar la situación y lo irónico fue que el problemático nunca fui yo, o al menos no a esos niveles.
Muy adentrado en los meses comenzaron a hacerse mas continuos estos problemas y yo solo esperaba que tomaras un poco de conciencia; te notaba más cansada aunque lo disimulabas... un poco más distraída y mucho menos risueña de cuando te conocí, y definitivamente la confusión entro a tu cabeza a dar vueltas mas que en una partida de apuestas de un casino... y el culpable siempre yo.
De repente no escuchábamos el silencio, ya no me veías igual aunque intentabas agarrar de nuevo esa línea y cada vez más se hizo más difícil encontrar una manera de verte feliz por mis medios. El típico problema de "No eres tú, soy yo" entro a nosotros y aunque no lo pareciera, nunca fuiste la culpable.
Al parecer no estabas lista, o no al mismo nivel que yo; nos encontramos de repente y acabó igual... sin tanto preámbulo y tan doloroso como la primera vacuna de un bebé, dijiste que ya no eras la misma y lo aceptaste... dijiste que ya no sentías lo mismo alegando que la confusión te gano la batalla; recuerdo darme la vuelta e irme entre la lluvia ese día de Julio, en la piel de esas gotas, las alas volvieron rotas... y entre alguna que otra cosa; el paraíso devino en infierno y nadie lo arregló. No te culpo
Libres por sus cuentas, asi debió ser siempre.

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